Jesús Calma la Tempestad ¡Pasos a Considerar!

El evangelio de Marcos nos muestra esta preciosa enseñanza, la cual Dios les muestra a sus hijos el mar de Galilea, cuando Jesús calma la tempestad. Este es un pasaje muy famoso de la biblia, pues posee un mensaje conmovedor e importante para los creyentes.Muestra que siempre debemos tener fe y la confianza en la voluntad de Jehová Dios Padre.

Jesús calma la tempestad

Jesús Calma la Tempestad

(Marcos 4:35-41) “Aquel día cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y habían también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de tiempo, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?. Levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces vieron con gran temor, se decían unos a otros: ¿Quién es este, que aún el viento y el mar le obedecen?

Las Circunstancias en las que Jesús Calma la Tempestad

Para entender este pasaje, es necesario tomar en cuenta los efectos que tenía la popularidad de Jesús nuestro señor. Había hecho muchos milagros y esto causaba que lo siguieran gran cantidad de personas a donde quiera que él estuviese, pues querían ser salvados: “se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta mientras él les predicaba la palabra” (Mr 2:2)

Jesús Sana a un Paralítico Antes de Calmar la Tempestad

Jesús les hablaba incansablemente y hacía toda clase de milagros, demostrando que él era el hijo de Dios. En el evangelio según Marcos, para ese momento Jesús había expulsado un espíritu maligno de una sinagoga en Capernaúm. También había sanado a muchos enfermos. Además, este evangelio cuenta como hizo caminar a un paralítico.

Los hombres que cargaban al lisiado, al ver que no podía pasar por la cantidad de gente acumulada, hicieron un agujero el techo de la casa donde se encontraba Jesús y por allí lo metieron en la camilla donde lo cargaban. Jesús al ver lo que hacían, se conmovió y le perdonó todos sus pecados. El hombre se levantó de la camilla y se fue caminando, para la sorpresa de todos.

Además de esto, había sanado a un leproso y muchas otras personas que padecían problemas de salud. Por lo tanto  “cuando se enteraron de todo lo que hacía, acudieron también a él muchos de Judea y Jerusalem” (Mr: 3:7) Todos se acumulaban a su alrededor, pues querían ser tocados y bendecidos por el hijo de Dios.

 Cuando Jesús Calma la Tempestad estaba Exhausto

Ocurría que no les dejaban ni comer, ni dormir, pues llegaba gente de todos lados con la esperanza de ver al salvador. Esto, producto de que ya se había extendido su popularidad por muchas ciudades y pueblos.

Entonces, no es de extrañar que esa noche, cuando Jesús calma la tempestad, estuviese ¡realmente agotado! lo cual ocasionó que se durmiera en el bote donde iban. Él era el hijo de Dios y poseía un espíritu sencillo y en armonía con el Padre, por lo tanto le era sencillo quedarse dormido en todos lados.

jesús calma la tempestad

“Pasemos al Otro Lado”

“Ese día al anochecer, les dijo a sus discípulos: Crucemos al otro lado” (Mr 4:35) Jesús necesitaba descansar y también llegar a nuevas tierras para seguir predicando la palabra de Dios.  Es importante el notar que fue el mismo Jesús quién les dijo que debían emprender el viaje. Era la voluntad divina, por lo que los discípulos debieron saber que nada podía detener aquella empresa.

Cuando Jesús calma la tempestad, le había indicado a sus discípulos que cruzaran el mar de Galilea y así podrían separarse por un tiempo de la algarabía. Además que él tenía como deseo predicar la palabra de Dios a todos los lugares posibles, antes de cumplir su verdadera misión aquí en la tierra, que era nada menos que limpiar nuestros pecados con su preciosa sangre.

Él estaba Dormido en una Barca

Los discípulos “dejaron a la multitud y se fueron con él en la barca donde estaba” (Mr 4:36) Esto quiere decir que ya Jesús estaba en la barca, posiblemente dormido. Eso explica su comportamiento frente a lo que vino después, pues él estaba tranquilo, ya que sabía que nada podía interferir con la voluntad de Dios.

Esto nos deja una enseñanza: Cuando Jesús calma la tempestad nos muestra que siempre debemos mantener la calma frente a cualquier adversidad. Así como nuestro señor Jesucristo estaba dormido, nosotros también debemos tener fe en las cosas buenas que Dios tiene preparado para nosotros y no desfallecer en cuanto aparezca la primera dificultad.

La Tranquilidad de Espíritu cuando Jesús Calma la Tempestad

Así como brota la plántula de un árbol a orillas de un tormentoso río; así se encontraba Jesús frenta la prueba que venía. Se encontraba en calma, porque la verdadera tranquilidad no viene del ambiente que nos rodea o de las circunstancias. La paz debe venir de adentro, desde nuestro espíritu que cree fuertemente en Dios, y de esta manera no seremos perturbados por las dificultades que nos apremian.

“Se Levantó una Gran Tempestad de Viento”

La situación refleja las pruebas que Dios nos tiene preparadas. Él no asegura que al ser creyentes y vivir en comunión con el espíritu santo, estaremos siempre en época de bonanza. Al contrario, las pruebas de la vida vendrán y debemos mantenernos firme al lado de nuestro señor Jesucristo y no desfallecer.

Frecuentemente, pensamos que las dificultades son muy grandes y que no seremos capaces de vencerlas. Muchas veces lloramos y creemos que no es justo sufrir un gran dolor. Pero estas son pruebas que nos pone la vida para demostrar que somos verdaderos hijos de Dios. Nos sirven para mostrar que nuestro espíritu es fuerte e incorruptible pues está con el señor Jesucristo.

Las Dificultades que Representa esta Tormenta

La gran tempestad puede ser entendida como muchas cosas en nuestra vida, la muerte de un padre, una madre, grandes dificultades económicas. Un ataque violento por parte de los demás. La muerte de un hijo o un hermano. La llegada de una terrible enfermedad. Todas estas pueden ser tormentas en nuestros caminos, pero aún así no debemos desfallecer, debemos seguir firme al lado de Dios, pues “Él los mantendrá firmes hasta el fín, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 4:8)

Cuando Jesús calma la tempestad, nos muestra que habrán las calamidades a nuestro alrededor y que igual golpearan con fuerza nuestra vida. La  diferencia es que el Señor estará a nuestro lado para darnos consuelo y apoyo. Porque con un espíritu fuerte resguardado bajo el poder del altísimo, podemos superar cualquier calamidad. Al entregar nuestra existencia a Dios, él nos dará la paz eterna.

Jesús calma la tempestad

Las Enseñanzas que muestra Dios

Además, cuando Jesús calma la tempestad, demuestra que nunca nos pondrá una prueba que no podamos soportar, por lo que debemos tener siempre eso en mente y enfrentar los obstáculos con la seguridad de que con Dios, todo se puede. Bien lo dice Corintios en el siguiente versículo:

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (Cor 10:13)

Así que este es uno de los ejemplos, que le muestra Dios a sus discípulos cuando Jesús calma la tempestad. Aún estando en presencia del mesías, golpearan las dificultades en nuestra vida, pero eso solo significa que debemos ser fuertes para soportar la prueba.

Jesús calma la tempestad

“Jesús estaba en la Popa Durmiendo”

Esta es otra preciosa enseñanza de cuando Jesús calma la tempestad, y es que se aprecia la humanidad del hijo de Dios en la Tierra. Él era el elegido, el mesías; pero aún así moraba en un cuerpo humano el cual necesitaba descanso. Es un mensaje importante porque nos recuerda todos los sacrificios que hizo el Salvador para redimir nuestro mundo y nuestros pecados.

Jesús aún padeciendo de las necesidades que siente cualquier hombre, se alzó y dedicó su existencia a predicar la obra de su padre y a sacrificar su vida para mostrarnos el camino hacia la salvación. Pero era un hombre, un ser que necesitaba descansar, comer y dormir.

Por eso estaba dormido en el barco. Estaba agotado de todos los ministerios que había llevado a cabo en nombre de su padre. Este es un precioso recordatorio de que aún siendo el hijo de Dios, no dudó en compartir su humanidad con nosotros. El sufrió y padeció todas esos sacrificios en un cuerpo de carne y huesos, en su infinita gracia, solo para guiarnos y darnos el ejemplo.

La seguridad que tenía el Redentor en la voluntad de Dios

Además también debemos aprender de la confianza de Jesús en el padre celestial. Mientras la tempestad azotaba el barco y anegaba su estructura, él permanecía tranquilo, pues tenía gran fe y confianza en que la voluntad de Dios no podía ser desviada por ninguna tormenta.

Sus discípulos no entendían en ese momento como Jesús podía permanecer tan manso. Pero luego de esta, y otras enseñanzas aún más duras como la crucifixión del hijo de Dios, fue que finalmente aprendieron a confiar en él plenamente.

La Lección Nunca Fue Olvidada por sus Discípulos

Así lo demuestra Pedro, quien dormía tranquilo justo antes de ser ejecutado:

“La misma noche en que Herodes estaba a punto de sacar a Pedro para someterlo a juicio, este dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas” (Hch 12:6)

En este momento, cuando Dios vio que su discípulo confiaba plenamente en su salvador, envió un ángel, el cual le dio dos palmadas en la espalda a Pedro para despertarlo. Lo liberó y le dejó solo para que fuese a ver a María, la madre de Dios. Esta es una gran enseñanza que nos transmite Dios cuando Jesús calma la tempestad, debemos creer en lo tiene preparado para nosotros y que la voluntad del Señor no puede ser interrumpida por nada sobre la Tierra.

“Maestro, ¿No Tienes Cuidado que Perecemos?”

“Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron” (Mr 1:16-20)

Este pasaje del evangelio de Marcos nos recuerda que cuatro de los discípulos que iban en la barca con Jesús eran pescadores. Por lo tanto tenían pleno conocimiento de las aguas del mar de Galilea y aún así sintieron que iban a perecer frente a la tormenta.

 Fue en un Ambiente que Conocían Bien

Esto quiere decir que el señor puso a prueba su fe en el ámbito de la vida cotidiana. Es un mensaje muy importante porque muchas veces nos confiamos de que somos realmente buenos y expertos en una determinada actividad y nos olvidamos de Dios.

Esta tormenta era una prueba de que aún en nuestra más expertas habilidades debemos dejar de esforzarnos y tener fe en que el Espíritu Santo guíe nuestro camino. Cuando Jesús calma la tempestad luego de que los hombres temieran por su vida, es para dejarles un mensaje. Hasta el hombre más experimentado debe depositar su fe en Dios para que guíe sus habilidades.

La Humildad nos Acerca a la Gracia de Dios

Otras de las enseñanzas que nos deja cuando Jesús calma la tempestad, es que las pruebas de la vida nos enseñan nuestras debilidades en aquello que creemos dominar y nos recuerdan ser humildes. Este es un mensaje que no debemos olvidar. La humildad trae consigo la gracia divina de nuestro señor, pues evita que nos sintamos mal cuando fallemos en una prueba. Al reconocer que todavía tenemos mucho que aprender, Dios nos mostrará el camino hacia la paz y la felicidad.

Nos recuerda que las pruebas duras que nos quitan el orgullo y los sentimientos de superioridad, nos llevan a conocer la verdadera gracia del señor.

Jonás también Permanecía Tranquilo de Acuerdo a la Enseñanza de Dios

Jesús sabía el destino que su padre tenía preparado para él y para sus discípulos.  Por tanto nunca sintió amenaza alguna frente a la gran tempestad. Así también lo entendió Jonás mientras viajaba en un barco y azotaba la tormenta:

“Los marineros, aterrados y a fin de aliviar la situación, comenzaron a clamar cada uno a su dios y a lanzar al mar lo que había en el barco. Jonás, en cambio, que había bajado al fondo de la nave para acostarse, ahora dormía profundamente” (Jon 1:5)

Jonás no tuvo temor de las aguas, pues su temor a la divinidad del Dios era mayor y sabía que Jehová le estaba enviando un mensaje para que volviera al camino que había construido para él.

Siempre hay que Tener Fe en Dios

Esta es una buena enseñanza de cuando Jesús calma la tempestad, pues nos recuerda que aunque la dificultad o los problemas sean muy grandes, ¡nunca debemos dejar de creer en Dios!. Muchas personas cometen el error, de pensar que el Padre los ha abandonado cuando sienten que están atravesando una tormenta. Muchos piensan que Dios se ha quedado dormido, como lo hizo Elías:

“Al medio día Elías comenzó a burlarse de ellos: ¡Griten más fuerte! Les decía: Seguro que es un Dios, pero tal vez esté meditando, o esté ocupado o de viaje. ¡A lo mejor se ha quedado dormido y hay que despertarlo!” (1 R 18:27)

Cuando Jesús calma la tempestad, nos enseña que ni siquiera cuando el mesías duerme, la voluntad de Dios se aparta de sus hijos. Este pasaje nos enseña que Dios siempre está con nosotros, aunque el momento sea muy malo. Así lo entendió Pedro cuando dijo: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” (1 P 5:7)

“¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”

Jesús les habló de esta manera, porque el mayor peligro no era el viento o las olas, sino la incredulidad de los discípulos. El hijo de Dios no les reprochaba por tener miedo, ya que es algo instintivo en todos los seres humanos y es totalmente normal. Lo que le alarmó a Jesús fue que sus discípulos no tuviesen fe después de todo lo que habían visto con obrar en él. Después de tantas manifestaciones del poder de Dios, Cristo esperaba que ya los discípulos no tuviesen dudas de que nada podía intervenir en la voluntad de su padre.

Cuando Jesús calma la tempestad, muestra a sus seguidores que no solo hay que escuchar y repetir las enseñanzas que nos da Dios padre. También es importante poner la fe de manifiesto en nuestras obras y nuestro proceder. Solo con la experiencia y las constantes pruebas que nos coloca la vida, es que podemos hacerlos dignos hijos de Dios. Como lo dice Santiago, “Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” (Stg 2:17)

No basta con creer en la salvación de Dios, hay que demostrar con nuestros actos que confiamos plenamente en su palabra y que cumplimos sus mandamientos.

La Importancia de la Lección

Cuando Jesús calma la tempestad, les estaba preparando a sus discípulos para con estas pruebas, para su muerte sobre la cruz. Esto fue lo más duro que pudieron enfrentar sus seguidores, y él como hijo de Dios, lo sabía.

Por lo tanto cuando Jesús calma la tempestad, quería ejercitar su fe y guiarlos mientras llegaba el momento. De esta manera, pudieran soportar la dura carga de verlo sobre la cruz y aún así cumplir su misión de esparcir la palabra del Señor por todo el mundo. Ellos fueron una pieza importante para salvar a la humanidad de la corrupción y los pecados, por eso Jesús se encargó de fortalecer sus espíritus al presentarse esta prueba.

La Lección Fundamental

“Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ro 8:38-39)

¡No existe tempestad tan grande que impida el avance del reino de Dios sobre nosotros! Así les mostró Dios a través de su hijo que ninguna calamidad podría hacerles perder la fe.  Incluso si el mesías estaba dormido, debían luchar y obedecer las leyes de Dios, sin perder la fe en ningún momento.

Este pasaje también nos enseña que no hay más como afianzar las creencias que hemos aprendido de Jesucristo, sino a través de la experiencia misma de la vida. Aunque sea dura, sólo los años de constante práctica y disciplina nos ayudarán a entender las enseñanzas tan profundas que nos dejó Dios a través de su hijo.

“¿Quién es Este, que aún el Viento y el Mar Obedecen?”

Aún así,  cuando Jesús calma la tempestad, había otra cosa que aprender. Era difícil para los discípulos realmente entender en todo el sentido de la palabra, que ese hombre de carne y hueso, era realmente el hijo de Dios. Y no por falta de fe, sino por era una verdad demasiado grande para sus ojos y para su mente.

Entonces cuando Jesús se levantó con aquella autoridad y mandó reprendió a los vientos y calló a el mar, recordaron lo que dijo el salmista “Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas, tu las sosiegas” ( Sal 89:9)

Este evento sirvió entonces para agrandar las mentes de los discípulos y para abrir más sus ojos. Estaban en la presencia del salvador, del verdadero hijo de Dios “entonces vieron con gran temor” pero ya no era al mar al que temían, sino a la grandeza de nuestro señor Jesucristo y de su poder.

“Reprendió al Viento”

El Señor no se presentó como los demás profetas que oraban a Dios para que se apiadara y calmara los elementos. Él obró con potestad, como lo hizo en la sinagoga cuando expulsó al espíritu maligno “La gente se asombraba de su enseñanza, porque la impartía como quien tiene autoridad y no como los maestros de la ley” (Mr 1:22)

Esto fue así, Porque él no era un profeta, él es el hijo de Dios y como tal tenía el poder divino de hacer la calma y traer la bonanza a sus discípulos.

Reflexión Final de cuando Jesús Calma la Tempestad

El evangelio de Marcos nos muestra un sin número de ministerios que llevó a cabo nuestros señor Jesucristo para dar a conocer la obra de su Padre. Una de ellos es este hermoso pasaje donde nos narra la voluntad de Dios cuando Jesús calma la tempestad. 

Esta historia nos muestra que hasta los discípulos tuvieron problemas para entender la magnitud del poder de Dios. Sin embargo el hijo, en su infinita gracia les mostró que no debían temer o perder la fe en lo que se había dispuesto para ellos.

Para nosotros, como hijos de Dios, este pasaje nos enseña que aunque hayan muchas tempestades sobre la Tierra; grandes epidemias, virus, huracanes, temblores, guerras; solo Dios puede salvar a la humanidad con su gracia divina.

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