Ecumenismo: ¿Qué es en el cristianismo?

Conoce uno de los mas importantes movimientos religiosos en el cristianismo, el Ecumenismo, en este artículo conocerás como se realiza!

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¿Qué es el ecumenismo?

Se refiere al fenómeno actual por el cual las diferentes ramas relacionadas con el cristianismo buscan juntarse o verse después de todos los cismas y conflictos que tuvieron en algún momento para compartir. Este evento es muy complejo, ya que busca un acuerdo entre las posiciones religiosas que, aunque parten de la misma base, mantienen elementos diferentes que son muy evidentes y difíciles de resolver.

Sin embargo, para muchos líderes religiosos y sociales, es un esfuerzo valioso para la unidad y la armonía entre las diferentes posiciones frente a la existencia de una entidad divina. La mayoría de las veces, este termino se emplea a menudo para referirse a posiciones o personas que abarcan y unen diferencias, por ejemplo, cuando se dice que un líder es ecuménico, significa que une a las personas que lo siguen, a pesar de su diferencias

Por otro lado, esta palabra proviene de la palabra helena “oikoumene” que puede entenderse como agrupación o búsqueda de asociación. Así, el termino presente es lo que busca que lo que está dividido pueda volver a un solo elemento. La palabra se usa generalmente en temas religiosos, especialmente aquellos relacionados con el cristianismo, religión dentro de la cual podemos encontrar varias iglesias e incluso tradiciones pasadas (como Judaica) con las que mantienen alguna conexión.

Entonces, cuando nos referimos a esta definición dentro de la esfera cristiana, nos enfocamos en el esfuerzo realizado en el mundo por los principales líderes devotos y sociales de cada institución para unir y reunir el pensamiento de la fe en una sola institución o entidad.

En este sentido, se basa en la idea de que las diversas iglesias de esta religión (como la católica, luterana, calvinista, ortodoxa rusa) son el resultado de crisis históricas que deben superarse en la búsqueda de la unificación de todos los hermanos que el Mesías predicó mientras vivía. Con objetivos aún más altos, el ecumenismo también busca la unificación de las tradiciones precristianas, como la creencia judía y más tarde, así como la islámica. Estos intentos de asociación, aunque difíciles y muy complejos, buscan establecerse para lograr un mundo pacífico y armonioso.

Origen del término «ecumenismo»

A lo largo de la historia de la humanidad, este termino ha tenido diferentes orígenes y usos. Muchos de estos dependían del momento y de las personas que lo empleaban. Por tal motivo, a continuación explicaremos los usos de este mismo termino desde el punto de vista de tres agrupaciones distintas.

Uso del término por los historiadores

En este primer punto, los historiadores emplearon mucho este termino como un sinónimo a la unión de un conglomerado numero de territorios bajo una misma administración. En otras palabras, fueron los romanos quienes aludían a esta palabra para referirse a la junta de todas las provincias que estaban bajo la administración imperial romana de su época.

Uso del término en los evangelios

En las sagradas escrituras no se ve mucho esta palabra, por supuesto esto se debe a la traducción que ha experimentado a lo largo de los últimos siglos desde sus primeras versiones, las cuales eran escritas en latín. En ellas se resalta dicho termino como un sinónimo de “todo el mundo” o “todo los reinos”, por lo tanto muchos expertos teólogos aluden su aparición en estos textos sagrados en algunos capítulos como:

  • Lucas 2:1
  • Lucas 4:5

Uso del término en los comienzos de la historia de la Iglesia

La primera vez que se empleo dicha definición para el ámbito religioso, fue durante el imperio de Constantino I. Durante su mandato se realizo un gran concilio donde se buscaba agrupar todas las posturas teológicas que existían para ese entonces y establecer una base unificada para todos.

Breve historia del movimiento ecuménico

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Para poder dar una explicación breve e importante sobre el movimiento ecuménico, hay que comenzar por detallar el origen de todo esto que no es más que hablar sobre el gran cisma que hubo hace miles de años y que separo una misma iglesia en dos.

Comencemos hablando de cómo un cisma significa desacuerdo. Por lo tanto, cuando se le llama o se habla del cisma en el este y el oeste, también conocido como el gran cisma, se trata de la separación del papa y el cristianismo en el oeste, del cristianismo en el este y sus patriarcas, especialmente del patriarca ecuménico de Constantinopla.

La distancia entre las dos iglesias comienza a tomar forma desde el momento en que el emperador Constantino el Grande decide transferir la capital de la capital romana de Roma a Constantinopla 313 DC. Comienza prácticamente cuando Teodosio el Grande divide su muerte (395) en dos partes entre sus hijos: Honorio, que es reconocido como el Emperador de Occidente, y Arcadio en el Este; dejó notable desde la caída del imperio occidental a los pueblos bárbaros del norte 476; es exacerbado durante el siglo IX por Focio, el patriarca de Constantinopla, y finalmente completado en el siglo XI por Miguel I Cerulario, también el patriarca de Constantinopla.

Este evento tuvo una serie de causas que lo generaron y a continuación, se lo resaltaremos:

  • La aversión natural y la aversión entre occidentales y orientales, junto con el desdén que este ultimo sentían contra los otros en este momento, a quienes consideraban barbarizados por las invasiones barbaras.
  • Las variaciones que, con el tiempo, se impusieron en las prácticas litúrgicas, dando lugar al uso de diferentes calendarios y santos; las disputas en curso sobre jurisdicciones eclesiásticas y patriarcales que surgieron de la división del Imperio en dos. Además del pensamiento que se extendió por todo el Este de que, cuando la capital del Imperio de Roma fue transferida a Constantinopla, la sede del Primado de la Iglesia universal también había sido transferida.
  • Incluso las pretensiones de autoridad de los representantes de la capital oriental del Imperio, que usaron el título de “ecuménico”, a pesar de la oposición de los papas, que reclamaron para sí mismos, como obispos de la Ciudad Eterna, la representación absoluta sobre toda los fieles; la negativa de los patriarcas de Oriente a reconocer esta autoridad sobre la base de la Sagrada Tradición Apostólica y la Sagrada Escritura, alegando que el Obispo de Roma solo podía pretender ser “primus inter Pares” (el primero entre sus pares); y la interferencia de los emperadores en asuntos eclesiásticos, creyendo ser pontífices y reyes, y con la intención de decidir los graves problemas de la Iglesia.

Ahora bien, tomando en cuenta estas causas, es necesario trasladarnos a los años del siglo VIII al XI, ya que en dicho tiempo comenzaría a producirse el cisma que a continuación profundizaremos aun más.

La historia comienza en la capital oriental, donde el patriarca Ignacio, que era un hombre de exquisita piedad, pero excesivamente austero y de una rigidez que rayaba en la intransigencia y que se encontraba bajo la supervisión de la emperatriz Teodora, se molestaba mucho por velar con celo extraordinario por la pureza de la fe y la práctica de las buenas costumbres.

Durante el día de la Epifanía del año 857, él negó la sagrada comunión a César Bardas a causa de la conducta inmoral y escandalosa de que hacía alardes. Bardas juró vengarse de esta humillación y busca la alianza de Gregorio Asbesta, encarnizado enemigo de Ignacio, quien, junto con el papa Benedicto III, lo había suspendido en sus funciones de metropolitano de Siracusa.

En línea, acusaron falsamente a Ignacio de conspirar contra el estado antes que Miguel III, quien ya había alcanzado la mayoría de edad y ejerció personalmente el imperio, pero su tío lo influyó mucho. La emperatriz se declaró defensora del patriarca, pero Bardas la acusó de complicidad, y después de ordenar que le cortaran el cabello como castigo, la encerró violentamente en un monasterio, mientras el patriarca fue desterrado a la isla de Terebinto.

Era necesario reemplazar de inmediato a Ignacio en la sede del Patriarcado del Este, y nada más que la persona conocida como Focio (820-897), un funcionario de importancia para el imperio y de una casa noble, relacionada con las Bardas. El cual era una persona sabia, tanto de ciencias profanas como santas, político experto, pero soberano y ambicioso. Su elección parecía correcta.

Sin embargo, fue una dificultad seria: Focio era un laico y los Cañones Sagrados prohibieron su ascenso directo al obispo. Gregorio Asbesta fue responsable, a pesar de su expulsión y suspensión, en colaboración con el emperador, de resolver esta contradicción. En pocos días, del 22 al 25 de diciembre de 858, le otorgó a Focio las órdenes sagradas, incluido el episcopado, que le permitió al emperador otorgarle la dignidad del patriarca de Constantinopla.

Para legitimar su actuación, el oficial imperial escribe una carta al Papa Nicolás I, sucesor de Benedicto III, en la que comunica su exaltación al patriarcado, que había aceptado, explicó cínico e hipócritamente, contra su voluntad y a pesar de no creer en él mismo digno de una posición tan alta. En la misma carta, hizo una profesión falsa de la fe cristiana, según el Credo de Roma y sumisión total al pontífice. Al mismo tiempo, el emperador envió otra carta informando al papa sobre la renuncia voluntaria de Ignacio, se retiró a un monasterio y confirmó las noticias de Focio.

No convencido de los argumentos en ambas escrituras, Nicolás I mando a la capital oriental a varias personas para informarle de lo que sucedió, pero, fueron comprados por Focio y Bardas, e informaron falsamente al Papa según las cartas anteriores. Aún más, sin el permiso de la corte, se convierten en jueces y llaman a un sínodo cuyas conclusiones dejan de lado a Ignacio y proclaman al legítimo patriarca de Focio. Esta rivalidad entre Ignacio y Focio fue la causa directa de la desunión.

Pero los informes del propio Ignacio y otros obispos dependientes del Santo Santo pronto llegaron a Roma e informaron al pontón sobre la realidad de los acontecimientos. Insatisfecho con los hechos, Nicolás I protestó porque la actitud del emperador bizantino, se negó a reconocer al patriarca de Focio y reunió un sínodo en Letrán (hecho en 863), donde Focio es excomulgado, es apartado por todas sus dignidades e Ignacio restableció todos sus derechos. Como era de esperar, ni Focio ni el emperador aceptaron la decisión del pontífice.

Pero cuando el triunfo protegió más esperanzas, Bardas fue asesinado (866), y al año siguiente el emperador Miguel III sufrió el mismo destino en manos de Basilio, nacido en Macedonia y el hijo de padres armenios, que violaron el trono del imperio.

El emperador Basilio de Roma, quien era enemigo personal de Focio, lo encierra en un monasterio en el 867 y reemplaza a Ignacio en la Sede Patriarcal con todos los honores.

Para dar legitimidad a las decisiones del nuevo emperador, el papa Adriano II, sucesor de Nicolás I, celebró en Constantinopla el VIII Consejo Ecuménico (869-870), en cuya octava sesión se acordó anatematizar a Focio y condenar sus libros al fuego con la muerte de El patriarca Ignacio en 878, el papa Juan VIII, que sucedió a Adriano II y cuyo desacuerdo era evidente, levantó las oraciones que pesaban sobre Focio y lo admitió por segunda vez al Patriarcado de Constantinopla, pero cuando el emperador León VI ocupa el trono con la muerte de Basilio I (886), fue retenido nuevamente en un monasterio, donde permanecería hasta su muerte en 897.

A lo largo del siglo X, el nombre de Focio cayó en el olvido. Pero aunque sus sucesores no rompieron sus lazos con el calor, prepararon el ambiente para Roma. La separación espiritual entre las dos corrientes había llegado a tal punto que a principios del siglo XI, que estaba claro que la separación era inevitable. De hecho, en el siglo XI, Miguel Cerulario volvió a elevar la memoria de Focio y defendió sus escritos.

Sin embargo, el rompimiento definitivo no llegaría hasta más de un siglo después.

Bajo el patriarcado de Miguel I Cerulario, que era un hombre arrogante, arrogante y ambicioso, con poca formación intelectual, pero lleno de odio hacia la Iglesia romana. Esta batalla contra el cuartel general romano comenzó en 1051, cuando, luego de acusar a la Iglesia romana de utilizar pan judío para los panes sin levadura en la Eucaristía, ordenó que se cerraran todas las iglesias de los rituales latinos en Constantinopla, lo que no adoptó el rito griego.

Él de todos los monasterios dependientes en Roma y los echa a todos los monjes que obedecieron al Papa y envía una carta al sacerdocio donde renovó todas las viejas acusaciones contra las dignidades de la iglesia occidental.

Tres años más tarde, el papa León IX envió a la capital del Oriente, una legación dirigida por el jerarca Humberto de Silva y otros dos importantes personajes, Federico de Lorena y Pedro de Amalfi, con un mensaje que pedía a Cerulario que retirara ciertos aspectos de la lucha y un decreto sobre excomunión si se negaba a para hacerlo, pero el patriarca se negó a aceptarlos y tratar con ellos.

En vista de esta actitud, los legados papales publicaron su “Diálogo entre un romano y un Constantinopolitano”, sesgado con burla de las costumbres griegas, y el 16 de julio de 1054 depusieron la bula de excomunión en el altar principal de la Iglesia de Santa Sofía, en Bizancio (anteriormente Constantinopla), y salieron de la ciudad de inmediato.

Unos días después, el 24 de julio, el patriarca de Oriente quemó públicamente la bula papal y excomulgó al jefe y su séquito. El cisma entre las dos iglesias, que todavía se perpetúa, se ha consumado.

Sin embargo, aunque el comienzo del Gran Cisma se remonta a la Historia desde el papado de León IX, hay pocos investigadores que cuestionen la importancia de estos eventos en la separación efectiva de ambas Iglesias, por un lado, cuando ocurrió la excomunión recíproca, Leo IX ya él había muerto, lo que implica que cualquier acción tomada por el jerarca occidental ya no era válida como legado papal y, por otro lado, la excomunión afectaba a las personas, no a las iglesias.

Ahora bien, conociendo trasfondo de la desunión entre ambas iglesias, en los siguientes puntos explicaremos los dos procesos que se dieron para intentar acercarse y quién sabe, algún día unirse de nuevo.

Primera etapa (1910-1937)

Para finales del siglo XIX, comenzó a surgir en gran parte del mundo un sentimiento de unidad en la religión y se comenzaron a reunir una gran diversidad de grupos, con el objetivo de promocionar la junta de ambas iglesias.

Una de estas reuniones de misión será la que marcará un hito especial en el movimiento ecuménico: la “Reunión Universal de Predicadores de Edimburgo”, celebrada en 1910, y presentada por el laico metodista Jhon R. Mott. Esta reunión fue el comienzo de la agrupación de iniciativas diseminadas y la fuerza impulsora de un movimiento sindical mundial. Allí, la conciencia de cuán seria fue la implantación de una iglesia unida en los países misioneros para la credibilidad del evangelio.

De las iniciativas que surgieron aquí, Ecuménica de Iglesias (CEI) nacerá años después. Después de eso, el Consejo Predicador Internacional que se fundó en 1921 con el objetivo de promover la solidaridad entre los cristianos, así como la unidad del evangelismo. Este consejo y su revista, International Rewiew of Mission, también contribuirán a la aparición de la CEI y se integrarán en 1961.

En 1914, uno de los participantes envió una carta de invitación en latín al jerarca de la iglesia Gasparri. El papa Benedicto XV respondió que el asumía a sí mismo como la fuente y la causa de la unidad de la Iglesia. Dos años después, el papa Benedicto XV mediante el Simple Pontificio Romano, concedió indulgencia plenaria a todos los que en cualquier lugar de la tierra, desde el 18 de enero -en que se celebraba la Cátedra de San Pedro- hasta el 16 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, rezasen por la unidad de la Iglesia utilizando una oración difundida en los Estados Unidos y que había sido bendecida por Pío X, aprobada por los obispos de de aquel país.

Más tarde, el miembro protestante Söderblom contactó a muchos sacerdotes católicos para invitarlos a hablar sobre la paz. Un septiembre en Uppsala se llevó a cabo. Gasparri no se tomó el asunto en serio. Y en el último año de la segunda década del siglo XX, un grupo de varios religiosos se acercó a varias iglesias europeas. Al llegar a Roma, el papa del momento los recibió y les comento que la única unidad posible era cuando regresara a la Iglesia Católica.

Para la tercera década del siglo, tiene lugar la primera reunión del catolicismo práctico. Llegan delegados de la jerarquía ortodoxa. Se creó un Comité de Continuación para la dicha reunión que busca establece las bases de un predicación universal con sede en Ginebra, para sentar las bases del movimiento Fe y Constitución, celebrado en Estocolmo en 1925.

El movimiento Vida y Acción se basó en la creencia de que el servicio a la causa de la paz y la justicia se intensifica La causa de la unidad, ya que la unidad de acción práctica es más efectiva que la discusión doctrinal. Esto dio lugar al Consejo Universal para el Cristianismo Práctico en 1930 y al Instituto Social Cristiano Internacional, que convocó una conferencia sobre la crisis económica en 1932 y otra en 1937 en Oxford sobre Iglesia, sociedad y relaciones estatales.

Sin embargo, en la misma fecha en Inglaterra, la reunión y el movimiento por el cristianismo práctico convocaron sus reuniones mundiales para crear un consejo ecuménico eclesiástico. Coordinación de esfuerzos y ahorro de dinero recomendado para este organismo que agrupó las diversas iniciativas en curso. Las dos conferencias aceptaron la idea y al año siguiente, 1938, invitaron formalmente a las iglesias a unirse al Consejo Mundial en la formación. El estallido de la Segunda Guerra Mundial interrumpió la iniciativa, pero se reanudará bruscamente durante el período de posguerra.

Segunda etapa (1938- )

Esta etapa coincidió con la historia del CMI. Su estatuto, que se estableció provisionalmente en Utrecht en 1938, debido al segundo conflicto a gran escala, no se adoptó hasta la Asamblea de Amsterdam en 1948. El Consejo se definió, no como una iglesia única, sino como una organización de la iglesia que reconoce a Cristo como Dios y Salvador. Desde la fundación, se han establecido 7 reuniones generales.

En cuanto a la Iglesia Católica, el Papa Juan XXIII creó un cambio de rumbo con la creación de la “Secretaría para el Avance de la Unidad de los Cristianos”, una comisión preparatoria para el Concilio Vaticano II que más tarde se llamaría Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.

El 6 de junio de 1960, Juan XXIII nombró al cardenal Augustin Bea como el primer presidente de la recién creada Secretaría. La Secretaría asistió a la Conferencia de Nueva Delhi en 1961 y fue responsable de preparar varios proyectos de documentos críticos bajo el Concilio Vaticano II.

Después del Concilio, el movimiento ecuménico realmente tomó una nueva dirección, ya que la Iglesia Católica estableció el diálogo teológico y las relaciones amigables con todas las iglesias históricas del Este y Oeste desde la década de 1960.

También lo hace directamente con la CEI, donde solo es miembro de la Comisión de Fe de Doctrina y Alianza. Pero el diálogo no solo se lleva a cabo entre interlocutores en los órganos superiores de las comisiones mixtas internacionales, sino también por grupos nacionales o regionales. En general, se mantienen diálogos bilaterales y multilaterales, cuyo máximo exponente es el documento de Lima.

Lo más relevante de la conversación doctrinal fue marcado en el 99, por la firma del Acuerdo sobre la doctrina de la prueba entre la Iglesia Romana y un movimiento global de protestantes. Pero no solo hay diálogos entre las Iglesias, sino también entre algunas de ellas con comisiones celebradas en diferentes países.

Todo esto creó una gran red de oración, reuniones amigables y un trabajo teológico serio que logró superar muchos de los muros que dividieron a los cristianos durante siglos. Desde el papado de Pablo VI y, en particular, con Juan Pablo II, los días internacionales de estos papas siempre han tenido una dimensión ecuménica muy marcada, alcanzando en ellos relaciones y el establecimiento de diálogos oficiales.

Históricas fueron también las visitas de Pablo VI y Juan Pablo II a la sede de la CEI en Ginebra, así como las visitas de todos los líderes cristianos a los papas. También es digno de mención el trabajo ecuménico que realiza el Concilio en la traducción conjunta de la Biblia.

La Iglesia Católica mantiene relaciones con las sociedades bíblicas protestantes y con la Alianza Bíblica Universal, que reúne a 110 sociedades bíblicas dedicadas a la traducción y difusión del Texto Sagrado. Leer y proclamar la misma Palabra de Dios en las Biblias de traducción entre religiones es, sin duda, una pequeña ayuda en el camino hacia la unidad.

Más recientemente, las reuniones entre el Papa actual y el patriarca de Moscú y toda Rusia en 2016, en esta acontecimiento importante donde estos líderes se abrazaron después de casi mil años de separación de sus iglesias. En abril de ese año, el Papa y los Patriarcas de Atenas, arzobispo de Atenas y toda Grecia, firmaron una declaración ecuménica conjunta para expresar su preocupación por la trágica situación de muchos refugiados, migrantes y solicitantes de asilo, que llegaron a Europa huyendo de situaciones de conflicto.

Meses más tarde, como parte de su viaje apostólico a Suecia, con motivo de la celebración católica luterana por el 50 aniversario de la Reforma iniciada por Martín Lutero, el Papa participó en una ceremonia ecuménica y firmó juntos al líder de la Unión Luterana una declaración conjunta.

Al final, esta segunda etapa actualmente sigue vigente y se espera que tenga buenos resultados.

La visión de la unidad de la Iglesia por Roger de Taizé

Fue un suizo muy importante para el movimiento ecuménico en la Iglesia, su visión sobre la unión se basaba simplemente en la iniciativa de que todos podíamos mantenernos juntos a través de la practica de la oración.

El ecumenismo hoy

Hoy en día, las diferentes Iglesias parecen estar más unidas que hace siglos. Sin embargo, aun quedan diversos puntos que necesitan ser tratados para poder unificar por completo todas ellas.

  • La comunión es uno de ellos, ya que se ha visto que muchas personas de diferente creencias cristianas han querido realizar tal acto en las iglesias católicas, sin embargo, hoy por hoy se les prohíbe su participación.
  • Puede que este punto no sea muy controversial y de hecho, ha sido uno de los más grandes avances y es el hecho de reconocimiento de las nupcias entre personas cristianas de diferentes Iglesias. Por ejemplo, un católico y una ortodoxa se pueden casar, y ambas iglesias lo reconocerán valida siempre y cuando se cumplan los requisitos mínimos de ambas.
  • Para continuar, el bautismo es oficial en todas las ramas y si una persona bautizada quisiera cambiar su devoción a otra de las Iglesias, no es necesario que vuelva cumplir con este sacramento.

Semana de oración por la Unidad de los cristianos

Al principio de cada año, en la ultima semana de Enero, se celebra una gran jornada de oraciones que buscan la unión entre todas las ramas del cristianismo.

Oración por la unidad de los cristianos

Durante el evento anteriormente mencionado, es habitual escuchar diferentes oraciones que buscan la unión o unidad.

A continuación, mostraremos un vídeo donde el actual papa preside la ceremonia para la unidad cristiana.

Ecumenismo: ¿uno o múltiple?

Puede que alguna vez, se ha escuchado sobre la multiplicidad del ecumenismo, sin embargo, hay que aclarar que solamente existe un movimiento para la re unificación de las distintas iglesias cristianas. Sin embargo, podemos detallar un poco como iniciaron  los supuestos movimientos ecuménicos, pero que al final terminaron juntándose.

Ecumenismo protestante

Este movimiento fue liderado por personas como Brent, Sôderblom y Mott. Cada uno de ellos con ideas distintas, pero con la vocación de reunir a todos los cristianos bajo una misma oración. Este proceso se dio al comienzo del siglo XX.

Ecumenismo católico

Por otro lado, los católicos a través de su sede en Roma, entablaron grande reuniones para conversar con diferentes ramas de la fe. Al igual que la anterior, esto se comenzó a realizar al principio del siglo XX.

Variedad de ecumenismo

Puede que anteriormente se ha mencionado que es un único movimiento, pero el cual necesita ser transmitido de diversas formas. Ya sea doctrinal, institucional, social y espiritualmente. Por lo tanto, a continuación explicaremos cada una de ellas.

1. Ecumenismo doctrinal

La separación ocurrió principalmente por razones teológicas y cuestiones doctrinales, todavía presente entre las diversas iglesias. Para tratar de superar estas diferencias, han surgido numerosos coloquios, reuniones y conversaciones en varios niveles, que tienen la intención de dar pasos reales hacia la unidad cristiana plena. Es innegable que hay otras dimensiones ecuménicas que no son estrictamente doctrinales y que, sin resolver, cualquier unidad cristiana es apenas creíble.

2. Ecumenismo institucional

Es incentivado e implementado por las iglesias, y dentro de estas instituciones debemos resaltar el CIS, sin ningún equivalente en el cristianismo. No es una iglesia, no es una súper iglesia y tampoco lo es la iglesia del futuro. Tampoco es un “consejo universal” en el sentido católico u ortodoxo del término; ni siquiera podría ser equiparado con un “sínodo”, según la terminología de muchas iglesias reformadas.

3. Ecumenismo social

Es una idea que busca acercar a través de proyectos y actividades comunitarias y sociales, las iniciativas de la reconciliación y encuentro de las diferentes iglesias cristianas. De esta forma se promueve el respeto, la tolerancia y el trabajo entre los devotos de cada una de ellas.

4. Ecumenismo espiritual

Este proceso consta de dos elementos: transformación del alma y reforma de la vida, junto con la oración por la unidad. Esta transformación del alma y de la propia persona, junto con las oraciones por la unión de todos, debe considerarse como el alma de todo este proceso.

Personalidades con carácter ecuménico

A continuación, mencionaremos a las personas más relevantes de los diferentes procesos ecuménicos celebrados.

  • Nathan Söderblom (1866-1931).
  • Robert Hallowell Gardiner (1882-1944).
  • Vladímir Soloviev (1853-1900).
  • John Raleigh Mott (1865-1955).
  • Paul Couturier (1881-1953).
  • Yves Congar (1904-1995).
  • Juan XXIII (1881-1963).
  • Atenágoras de Constantinopla (1886-1972).
  • Pablo VI (1897-1978).
  • Roger Schutz (1915-2005).
  • Juan Pablo II (1920–2005).
  • Chiara Lubich (1920-2008).
  • Carlo Maria Martini (1927- 2012).
  • Jorge Novak (1928-2001).
  • Rowan Williams (Actualmente con vida).
  • Andrea Riccardi (Actualmente con vida).
  • Fracisco I (Actual papa).
  • Cirilo I (Actual patriarca de Moscú).

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